Historia de México
La independencia de la Ámerica
española.

AUTOR: Jaime E.
Rodríguez O.
Universidad Nacional Autónoma
de México ISBN 968-837-093-2
I. EL IMPERIO ESPAÑOL
EN AMÉRICA
A FINALES DEL SIGLO XVIII el Imperio
de España en América constituía una de las
estructuras políticas más imponentes del mundo.
Su territorio, que comprendía la mayor parte del hemisferio
occidental, se extendía a lo largo de toda la costa del
Pacífico, desde el cabo de Hornos en el sur hasta Alaska
en el norte. La costa oriental la compartía con Brasil
y las Guayanas, con Belice en América Central y con los
Estados Unidos y Canadá en América del Norte, países
cuyo territorio se limitaba a pequeñas franjas de tierra
en la costa atlántica. En el Caribe, España era
dueña de las islas principales.
Integrada originalmente por dos virreinatos, el de Nueva España
y el de Perú, la América española fue subdividida
posteriormente por Madrid cuando estableció los virreinatos
de Nueva Granada y del Río de la Plata en 1739 y 1776;
pero las unidades territoriales más duraderas fueron aquellas
cuya circunscripción fue administrada por las audiencias,
a las que con frecuencia se daba el nombre de reinos. Con excepción
de las audiencias de Nueva España, tales demarcaciones
se transformaron en las naciones nuevas de Hispanoamérica.
Nueva España contaba con dos audiencias, la de México
y la de Guadalajara. Las otras audiencias de la América
española las conformaban Guatemala en América Central,
Santa Fe de Bogotá en Nueva Granada, Caracas en Venezuela,
Quito, Charcas en el Alto Perú, Lima en Perú, Santiago
en Chile, Buenos Aires en el Río de la Plata y Santo Domingo
en el Caribe. En 1800 el Imperio español en América
contaba aproximadamente con una población de 12.6 millones
de habitantes, la mitad de los cuales eran residentes de la Nueva
España. Aunque la población de la América
española era multirracial, la clase, más que el
origen étnico, se hizo más importante en las regiones
desarrolladas a finales del siglo XVIII.
La América española constituía una región
compleja y de gran diversidad. No sólo había territorios,
como el virreinato de la Nueva España, más poblados,
desarrollados y prósperos que otros dentro del Imperio,
sino que incluso dentro de algunos reinos había regiones
más florecientes que otras.
La población de la América española ca. 1800
_________________________________________________________________
Nueva España …………………………………………….5
900 000
Guatemala (América Central) …………………………….1
100 000
Islas del Caribe ………………………………………….…
550 000
Nueva Granada ……………………………………………1
000 000
Venezuela …………………………………………………
500 000
Quito ………………………………………………………
700 000
Charcas …………………………………………..,……….
650 000
Perú ………………………………………………………
1 200 000
Chile ………………………………………………………
500 000
Río de la Plata………………………………………………
500 000
TOTAL…………………………………………………..
12 600 000
_________________________________________________________________
Con fines analíticos; las
posesiones españolas de América pueden dividirse
en cuatro áreas generales: en primer lugar, las regiones
principales -la parte central de la Nueva España, Guatemala,
Nueva Granada, Quito, Perú y el Alto Perú-, que
contaban con economías muy complejas que incluían
la agricultura comercial, la industria (esto es, obrajes dedicados
a la manufactura de textiles y otros productos de naturaleza artesanal)
, así como zonas mineras de importancia. En segundo lugar,
las regiones dedicadas fundamentalmente a la agricultura,.que
abastecían a las regiones principales más desarrolladas
y que incluían partes de Nueva Galicia, algunas de América
Central, Chile y el Río de la Plata. En tercer lugar, las
regiones tropicalec;, especialmente Cuba, Puerto Rico, Venezuela
y las partes costeras de Nueva Granada, Guayaquil y algunas de
Perú, que se caracterizaban por dedicarse a la agricultura
de plantación destinada por lo general a un mercado de
exportación, ya fuera de Europa o en América misma.
(Guayaquil y Venezuela, por ejemplo, encontraron el mercado principal
para su cacao en la Nueva España.) Nueva España
poseía también regiones tropicales de importancia,
Veracruz y la tierra caliente del Pacífico, si bien éstas
se hallaban integrad~s a la más amplia economía
del virreinato. Por último se encontraban las regiones
fronterizas, como las Provincias Internas de la Nueva España,
la parte sur de Chile y del Río de la Plata, la Banda Oriental
y Paraguay, que servían como amortiguadores entre las regiones
pobladas y los indios nómadas, así como entre los
demás imperios europeos.
La diversidad económica de las regiones de América
española favoreció también el surgimiento
de los diversos sectores sociales. Las áreas principales
incluían en su composición importantes grupos urbanos
-una variada élite compuesta por funcionarios del gobierno,
eclesiásticos, profesionales, comerciantes, terratenientes,
mineros y otros empresarios-, lo mismo que un sector muy variado
integrado por artesanos y obreros. Estas regiones contaban también
con un campesinado muy complejo -predominantemente indio, pero
en donde además había mestizos, criollos, negros
y castas- que incluía a pequeños propietarios, arrendatarios,
trabajadores acasillados, jornaleros y aldeanos corporativos.
Pese a que los "indios" constituían la mayoría
de la población de las regiones principales, muchos de
ellos no eran necesariamente indios en el sentido jurídico,
como los que vivían en los pueblos corporativos sujetos
a tributo. En los centros urbanos, la población fue definiéndose
cada vez más en términos de clase social y no por
su ascendencia racial.
Si bien en términos generales las regiones dedicadas a
la producción agrícola se asemejaban a las áreas
principales en su organización social, su estructura era
mucho más sencilla como resultado de una economía
menos compleja y de una población más reducida.
Dominadas por una importante fuerza de trabajo que incluía
grupos considerables de negros y castas, así como un contingente
menor compuesto por indios, mestizos y criollos, las zonas tropicales
contaban también con un componente urbano comparable al
de las ciudades de las áreas principales aunque más
restringido. En muchos aspectos, la sociedad rural de las zonas
del trópico era menos diferenciada que la de las regiones
principales. Las regiones periféricas o fronterizas se
distinguían por el agudo contraste entre los grupos asentados,
formados en su mayoría por mestizos, y los "indios
bárbaros", por lo general nómadas. De población
muy reducida, en ellas las diferencias sociales eran menores que
en las zonas del trópico.
La sociedad del Nuevo Mundo puede comprenderse mejor si analizamos
su estructura desde una perspectiva socio económica más
que desde el punto de vista de la diferenciación en castas.
La opinión tradicional y estática que considera
a la sociedad americana como integrada por estamentos y razas,
como una jerarquía formada, en orden descendente, por españoles
europeos (los peninsulares, conocidos también como gachupines
o chapetones), españoles americanos (los criollos), mestizos,
mulatos, negros e indios, o alguna variación de este esquema,
es inservible para explicar la razón de los vertiginosos
cambios sociales resultantes del desarrollo económico.
Más que la estructura jerárquica "feudal"
y "premoderna" adoptada por algunos estudiosos, el siglo
XVIII fue una época caracterizada por "el tránsito
de la antigua sociedad ordenada por estamentos sociorraciales
a una sociedad de clases, donde poco importará el origen
étnico".1 De este modo, estaba emergiendo una estructura
socioeconómica "moderna", semejante a la de Europa
occidental.
Como he afirmado al comparar la Revolución francesa con
la Independencia de México, el reino de Francia y el virreinato
de la Nueva España tenían estructuras sociales similares.
Con ciertas reservas, tal comparación puede hacerse extensiva
al resto de la América española:
Los españoles europeos de la Nueva España pueden
ser comparados con la aristocracia francesa en el sentido de que
ambos eran representantes de un grupo especial privilegiado. Aunque
entre ellos se contaban unas pocas familias inmensamente ricas,
la mayoría eran personas de recursos moderados y, a veces,
incluso pobres [...] Los criollos del México colonial eran
semejantes a los burgueses franceses. Los ocupantes de la escala
superior se comparaban con los ricos aristócratas en riqueza
poder e influencia. Y, al igual que la nobleza, participaban en
una gran variedad de empresas lucrativas. Con todo, la mayoría
estaba formada por profesionistas urbanos, sobre todo por abogados,
muchos de los cuales trabajaban para el Estado. La burguesía
francesa y los criollos de la Nueva España compartían
un sentimiento nacionalista. Más que súbditos de
la Corona, se sentían franceses y americanos y creían
ser los verdaderos representantes de los intereses de la nación.
.
Las ciudades y pueblos de Francia y de Nueva España tenían
grupos sociales similares. Artesanos y distintas clases de obreros
constituían una clase urbana próspera. Pero a finales
del siglo XVIII, tanto Francia como la Nueva España se
caracterizarían por la presencia de un amplio y creciente
lumpenproletariado urbano, marginado de la sociedad [. . .J La
sociedad rural también era parecida. Por lo general las
grandes propiedades estaban en manos de terratenientes ausentes
que solían residir, muchos de ellos, cerca de la sedé
de gobierno o en las capitales más importantes de provincia.
En el campo actuaba, como "agentes de vinculación"
un grupo pequeño, pero importante, de propietarios de tierras
de medianas proporciones, rancheros en la Nueva España
y campesinos ricos en Francia.
Arrendatarios y aparceros también constituían el
grupo intermedio en la sociedad rural. Aunque los pueblos corporativos
de indios en el México colonial representaban un grupo
grande y singular, con sus propios intereses, pueden ser comparados,
aunque no sin salvedades, con los pueblos campesinos de Francia.
[Hay que hacer notar, como lo he indicado en varias ocasiones,
que encuentro poca diferencia entre los indios americanos y los
campesinos españoles de finales del siglo XVIII y principios
del XIX. Ambos grupos llevaban una vida rural relativamente primitiva,
por lo general eran miembros de pueblos "corporativos",
practicaban a menudo formas sincréticas de cristianismo
y era frecuente que no hablaran castellano. Tal parece que la
diferencia principal era el color de la piel.] Por último,
en los dos países había un numeroso y creciente
proletariado rural que no poseía tierras -o casi no las
tenía- y que se había marginado cada vez más.2
La comparación que hice entre
el clero de Francia y el de la Nueva España parece aplicarse
al resto de América:
Como grupo, el clero, tanto en Francia
como en la Nueva España, tenía muchas características
en común. La jerarquía, sobre todo el episcopado,
se componía principalmente de nobles en Francia y de españoles
peninsulares en México, mientras que en ambos países
la mayoría de sacerdotes, los curas, era relativamente
pobre y procedía de otros grupos sociales. Los intereses
del alto clero no sólo diferían de los intereses
del bajo clero sino que se parecían mucho a los de la nobleza
francesa y a la de sus homólogos mexicanos de la colonia.3
El Imperio español en América
había demostrado ser lo suficientemente flexible y capaz
de resolver las tensiones sociales y los intereses en conflicto
a lo largo de casi 300 años. En muchos aspectos, tales
discordias pueden ser consideradas como un aspecto "normal"
de la vida, que iba cambiando en forma continua a medida que los
grupos en disputa alcanzaban su reconciliación.
1 Felipe Castro Gutiérrez,
"Orígenes sociales de la rebelión de San Luís
Potosí, 1767", en Jaime E. Rodríguez O. (compilador),
Patterns of Contention in Mexican History (Wilmington: Scholarly
Resources, 1992), 47. Otros que adelantan puntos de vista semejantes
son José Luís Mirafuentes Galván, "Identidad
india, legitimIdad y emancipación política en el
noroeste de México (Copala, 1771)", y Virginia Guedea,
"De la fidelidad a la infidencia: los gobernadores de la
parcialidad de San Juan", en Rodríguez, Patterns of
Contention...; 49-67, 95-123; Dennis N. Valdés, "The
Decline of the Sociedad de Castas in Mexico City" (tesis
de doctorado, University of Michigan, Ann Arbor, 1978).
2 Jaime E. Rodríguez O., "La Revolución francesa
y la Independencia de México", en Solange Alberro,
Alicia Hernández Chávez y Elías Trabulse
(coordinadores), La Revolución francesa y su impacto en
México (México, El Colegio de México, 1992),
140-141.
3 Ibid., 140.